La vocación del catequista nace del Bautismo y se fortalece con la Confirmación, sacramentos por los cuales todo cristiano participa de la misión de Cristo. Sin embargo, algunos fieles reciben una llamada particular de Dios para asumir el servicio de la catequesis dentro de la comunidad cristiana. Esta vocación tiene su fundamento en una relación personal y profunda con Jesucristo. Es el amor y el conocimiento de Cristo lo que despierta en el catequista el deseo de anunciar el Evangelio, compartir la fe y acompañar a otros en su encuentro con Dios. Por eso, ser catequista no es simplemente transmitir conocimientos religiosos, sino responder a una llamada y poner la propia vida al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia. La Iglesia, como comunidad de fe, acompaña y discierne esta vocación y confiere al catequista la misión de anunciar y enseñar la fe, ayudando a otros a encontrarse con Jesucristo y a crecer en su vida cristiana.
Formar catequistas como discípulos misioneros, arraigados en Jesucristo y en la Palabra de Dios, capaces de vivir su vocación con madurez humana y espiritual, anunciar el Evangelio y acompañar a niños, jóvenes y adultos en su proceso de encuentro con Cristo y de crecimiento en la fe, respondiendo a los desafíos de la evangelización en el mundo actual.
Profundizar en la identidad y vocación del catequista, reconociendo que su servicio nace del encuentro personal con Jesucristo y de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Fortalecer la espiritualidad del catequista, cultivando la oración, la vida sacramental, la escucha de la Palabra de Dios y la comunión con la Iglesia, para que su testimonio acompañe su enseñanza.
Ayudar al catequista a comprender la catequesis como parte de la evangelización, superando una visión limitada de la catequesis como simple transmisión de conocimientos religiosos.
Profundizar en el conocimiento de Jesucristo y del mensaje cristiano, para que el catequista pueda anunciar el Evangelio con fidelidad, claridad y entusiasmo.
Formar catequistas capaces de acompañar procesos de fe, teniendo en cuenta las diferentes edades, realidades familiares, situaciones culturales y necesidades de las personas a quienes sirven.
Desarrollar competencias pedagógicas y comunicativas, utilizando métodos, lenguajes y recursos adecuados para hacer comprensible y significativa la experiencia de fe.
Preparar al catequista para evangelizar en la cultura contemporánea, reconociendo los cambios sociales, culturales y tecnológicos que influyen en la manera en que las personas buscan, reciben y viven la fe.
Promover una catequesis centrada en la persona, que escuche, acoja, dialogue y acompañe, especialmente a quienes se encuentran alejados de la vida de la Iglesia.
Fortalecer el sentido de pertenencia eclesial, ayudando al catequista a vivir su servicio en comunión con la parroquia, la diócesis y toda la comunidad cristiana.
Impulsar una actitud misionera, para que cada catequista no solamente enseñe la fe, sino que sea un testigo que ayude a otros a encontrarse con Cristo y a descubrir la alegría del Evangelio.
El catequista es un discípulo misionero llamado por Dios para acompañar a otras personas al encuentro con Jesucristo, mediante el testimonio, la enseñanza, la iniciación en la vida cristiana y el acompañamiento.